recuperación del robo a nuestra casa

Creemos que fue premeditado porque una coreografía de ese estilo no se improvisa en cinco minutos.
Las cámaras de seguridad de un vecino registraron una complicidad de mínimo siete personas:
Un tipo parqueado en un automóvil plateado esperando la señal para que todo fuera embarcado.
Un hombre y una mujer que reían y charlaban mientras tomaban cerveza disfrazando de normalidad la calle en la que vivimos.
Un par de personas más en la esquina mirando de lado a lado y hablando por teléfono previniendo nuestra llegada o la llegada de la policía.
Y finalmente, un par de hombres jóvenes y delgados que, aprovechando la oscuridad de la calle, rompieron un par de vidrios y entraron a nuestro apartamento el sábado 19 de marzo a eso de las siete de la noche mientras nosotros estábamos en un cumpleaños.
Buscaron plata en efectivo con insistencia y frustración. Rompieron y dañaron algunas de las plantas que cuidamos con dedicación. Revolcaron la ropa, la cama, los muebles.
No nos gusta saber que dos extraños manosearon todo en nuestra casa buscando dinero. No nos gusta pensar que el lugar que parecía nuestro fuera profanado por personas que no conocemos y que, a lo mejor, nunca conoceremos.
Y después del desastre y el susto. Después de recoger los vidrios rotos, la tierra derramada, de ordenar la revolcada, de llamar a los nuestros, de salir del estado de shock para tomar decisiones, vinieron los pensamientos: no estamos seguros en el lugar en el que llevamos viviendo más de tres años; tenemos que poner más rejas, más luz, más cadenas. ¿Qué más? ¿cámaras? ¿alarmas? ¿candados?
Y las cosas que se llevaron...nuestras bicis para transportarnos, nuestros binoculares para ver pajaritos, nuestros computadores para trabajar y parchar, los audífonos de trabajo, el único cuchillo que cortaba en la cocina.
Los objetos que perdimos son extensión de nuestra identidad, de quienes somos, de lo que hacemos, de lo que nos gusta. Y ahora, desligados de su entorno, de nuestra casa, sólo son objetos que se venderán en alguna compra venta a una quinta parte de su valor comercial y sentimental.
Laura y yo pensamos en tragarnos el suceso en privado porque los robos son el pan de cada día en la desigualdad, pero gracias a la idea de unos amigos decidimos tomar otro camino. Tenemos un destello de que no todo es malo. Queremos encauzar la energía en la solución y no en el daño.
Es por eso que hemos armado esta vaki para intentar recuperar algunas de las cosas que perdimos con un sistema de recompensas. Lo haremos gracias a la iniciativa y apoyo de nuestras amigas y amigos músicos y artistas quienes han querido donar discos, clases, talleres, boletas a conciertos, prints, etc. para aquellos que quieran apoyarnos.
Muchas gracias. Su voluntad nos aligera la carga y nos calienta el corazón.
¡Esperamos regresar al mundo lo bueno que nos dé!
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