
Ayudemos a que sarita pueda adquirir sus tratamientos y vuelva a sonreír
Luisa Fernanda Zambrano Maya
Sara es una joven que fue víctima de un hecho profundamente doloroso: fue quemada viva, dejando el 80% de su cuerpo y su carita gravemente afectadas. Desde ese momento, su vida cambió por completo.Ha sido sometida a 72 cirugías en una lucha constante por sobrevivir, resistir el dolor y aferrarse a la vida. Cada día ha sido un reto físico y emocional, enfrentando no solo las secuelas en su cuerpo, sino también el impacto en su autoestima y su salud mental.
Hoy, Sara necesita continuar con tratamientos dermatológicos y quirúrgicos esenciales para la reconstrucción de su cuerpo. Sin embargo, la EPS no le ha brindado la atención prioritaria que ella necesita, obligando a su familia a buscar alternativas por fuera del sistema, con costos muy elevados.
Actualmente, Sara no puede caminar, no ha podido volver a estudiar y enfrenta momentos de profunda tristeza al ver cómo su vida cambió. Aun así, sigue luchando con fe, esperando una oportunidad para sanar, volver a sonreír y reconstruir su vida.
Hoy acudimos a tu corazón. Tu ayuda puede marcar la diferencia en la vida de Sara, puede darle esperanza, fuerza y la oportunidad de seguir adelante.
Con la bendición de Dios y el apoyo de personas de buen corazón, confiamos en que Sara podrá salir adelante. 🙏💛
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Su historia
Historia
Todo ocurrió el 23 de julio, un día que jamás podremos olvidar. Ese día, Sara fue invitada insistentemente por un amigo a ir a un lugar donde “etiquetaban perfumes”. Ella no quería ir, pero aceptó porque quería comprar un regalo para mi cumpleaños. Él le insistió tanto que terminó convenciéndola. Sin embargo, cuando llegó el momento, él no la acompañó y en su lugar envió a su hermana con cuatro muchachos más. Desde ese momento todo se volvió extraño y sospechoso.
Lo que supuestamente era un sitio para etiquetar lociones resultó ser una fábrica clandestina de perfumes, un lugar ilegal y sin ningún tipo de seguridad, sin adultos responsables, sin supervisión, sin normas, sin salidas adecuadas. Un lugar completamente inapropiado para niños.
En ese sitio, donde nunca debió estar, Sara quedó encerrada. Y cuando ocurrió la tragedia, no le abrieron la puerta para salir. Ella gritaba, ella pedía ayuda, pero nadie actuó con responsabilidad. Peor aún… mientras las llamas avanzaban, se burlaban de ella y del otro chico que estaba atrapado, en vez de auxiliarlos.
A causa de ese encierro y de esa negligencia absoluta, mi hermanita sufrió quemaduras en el 80% de su cuerpo. Quemaduras que marcaron no solo su piel, sino la vida de toda nuestra familia.
Quienes debían cuidarla, protegerla o simplemente dejarla salir… no lo hicieron. Y quienes estaban allí, en lugar de ayudarla, la expusieron a un peligro mortal.
Ese día no había un solo adulto responsable, no había normas de seguridad, no había salidas de emergencia, no había absolutamente nada. Mi mamá y yo fuimos quienes llegamos a salvarla, quienes la sacamos, quienes enfrentamos ese horror con nuestras propias manos. Y fue ella misma la que, al ver a mi papá después, le contó lo que había pasado.
Hoy, meses después, Sara está viva por pura voluntad y porque es una guerrera. Pero la situación es extremadamente delicada. Mi hermanita ha tenido que enfrentar:
Más de 50 cirugías reconstructivas hasta ahora (y faltan muchas más).
Tratamientos especializados para su piel.
Cremas dermatológicas que deben aplicarse a diario.
Parches de silicona en gel
Leggins de compresión y máscaras de compresión Vendajes especiales, medicamentos costosos y un cuidado permanente.
Riesgos constantes de infección, complicaciones y recaídas.
Cada día es una lucha por mantenerla estable, por aliviar su dolor, por ayudarla a moverse, a respirar, a soportar las curaciones y los procedimientos. Y aun así, Sara sigue intentando vivir. Ella lucha. Ella resiste. Ella no se rinde.
Pero esta lucha es inmensamente costosa. Mis padres han cargado con todo lo que pueden, y más. Yo, como su hermana, estoy haciendo todo lo posible para apoyarla, levantar su voz y buscar justicia por lo que le hicieron. Nada de esto es fácil, pero nos mueve el amor, la verdad y la necesidad urgente de salvarla.
Por eso hoy les pido, con humildad y desde lo más profundo del corazón, que nos ayuden.
Cualquier granito de arena, por pequeño que parezca, puede hacer una diferencia real. Cada ayuda suma a sus cirugías, a sus medicamentos, a sus tratamientos, a su recuperación. Suma a que tenga un futuro, a que no sufra más, a que podamos volver a verla sonreír.
Sara no merecía lo que le hicieron. Y tampoco merece enfrentarlo sola.
Gracias por escuchar nuestra historia. Gracias por permitirnos luchar por ella. Gracias por cada persona que decide ayudar, compartir o apoyar esta causa.
Con su ayuda, podemos salvarla. Con su ayuda, podemos darle la vida que le arrebataron.

